sábado, 26 de diciembre de 2009

Descripción de un caso práctico y los enfoques sobre Educación Especial

El caso que expongo se trata de un alumno, Alberto, de 10 años diagnosticado de Síndrome de Asperger (SA).

Antes de comenzar me gustaría exponer brevemente qué es el “Síndrome de Asperger”, es decir, algunas de sus características más importantes. Esta patología se encuadra dentro de los trastornos generalizados del desarrollo. Se trata de un trastorno profundo del desarrollo cerebral caracterizado por deficiencias en la interacción social y coordinación motora, y por inusuales y restrictivos patrones de interés y conducta. Un niño que padece Asperger tiene un aspecto externo normal, suele ser inteligente y no tiene retraso en la adquisición del habla. Sin embargo, presenta problemas para relacionarse con los demás. La capacidad intelectual de estos niños es normal y su lenguaje solo se ve alterado cuando es usado con fines comunicativos.

Adentrándome ya con la relación de este caso práctico y los distintos enfoques, comienzo primeramente con el ENFOQUE FUNCIONALISTA. El SA en este campo se define como un trastorno concreto, desembocando en un fracaso escolar del alumnado que lo padezca. El alumno será diagnosticado con precisión a través de una evaluación individual. En la actuación/intervención en este caso es característica la utilización de instrumentos adecuados para el trabajo con este tipo de alumnado. En este caso es importante destacar que con estas patologías (al igual que con el autismo, por ejemplo) se usan usualmente las agendas simbólicas, los pictogramas, con tableros de comunicación, etc.

¿Cómo se entiende el SA en el ENFOQUE INTERPRETATIVO? Pues bien, en este la patología como tal está ligada estrechamente al contexto próximo en el que se encuentra el alumno, es decir, contexto escolar (relación con profesores y compañeros), familiar (padres, hermanos, otros) y social (vecinos, amigos). La evaluación de este alumno con SA informa de que se trata de un caso en el que “no hay intención comunicativa, graves problemas de socialización y algunos problemas de conducta”. En el caso de la intervención, para ella, primeramente se llevará a cabo un análisis del profesional para ver si debe formarse o no a la hora de actuar con Alberto, así pues, los métodos usados para esta actuación será la observación, mediante diálogos.

En el caso del ENFOQUE ESTRUCTURALISTA, el SA se enmarca dentro de un grupo minoritario, débil, siendo esta una de las características más importantes de este enfoque, es decir, la lucha de los grupos por el estatus social (Skrtic, 1995). Al tratarse de un alumno diferente a los demás, se hace una segregación, esto es, se separa del alumno que se considera “normal”, de sus compañeros (en el caso del contexto escolar). La tarea de los profesionales que actúan con este alumno tratan de formarlo para valerse por si mismo y no ser así una carga para el estado. Es importante destacar también que son escasos los recursos que se emplean para intervenir con este caso.

Y por último, profundizando en el ENFOQUE HUMANISTA, el SA se ve como un trastorno que en el contexto escolar puede desembocar como un fracaso por la mala organización del alumno en el centro y dentro de su aula de referencia. En este caso, la evaluación de Alberto se llevaría a cabo en dos ámbitos, dentro y fuera del aula, y en diferentes contextos. Su actuación igualmente será dentro y fuera, evitando la segregación del alumno (caso opuesto como se puede apreciar en el enfoque anteriormente descrito). En lo que respecta a los métodos empleados es importante destacar que se proporcionan todos los medios o recursos al alumno para que pueda tener una escolarización lo más normalizada posible.

Una vez expuestos todos y cada uno de los enfoques sobre la Educación Especial, en el caso de Alberto, me decanto claramente por el enfoque humanista, ya que trata al alumno desde dos perspectivas claramente definitorias. Una de ellas es en el ámbito educativo, atribuyendo una buena organización del centro evitando la segregación del alumno (apostando claramente por la inclusión escolar), y la otra de ellas es en el ámbito social, es decir, la actuación del alumno con su entorno próximo como es la familia, amigos, vecinos, etc.
Por otra parte, este enfoque es el más acertado ya que entre las características más importantes se encuentra la estrecha colaboración de los profesionales que atienden a este tipo de alumnado para poder actuar de la manera más eficaz. Todo ello favorecerá su escolarización en un contexto de colaboración con compañeros de aula, docentes, aportación de recursos, materiales necesarios, y así conseguir una vida lo más normalizada posible.

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